Jennyfer Helena Aguilar Peralta
Universidad Popular del Cesar, Cesar, Valledupar
Colombia
https://orcid.org/0009-0000-6548-8092
Revisado: 26 de mayo 2026
Aprobación: 15 de julio 2026
Publicado: 01 de agosto 2026
RESUMEN
El objetivo de la presente investigación fue implementar estrategias de educación ambiental participativa para la recuperación de manglares mediante viveros escolares y reforestación comunitaria. Metodológicamente el estudio fue de enfoque cuantitativo, alcance correlacional y diseño cuasiexperimental con pre-test y post-test. Los resultados evidenciaron incrementos significativos en las cinco dimensiones evaluadas: conocimiento sobre ecosistemas de manglar (+94.8%), comprensión de servicios ecosistémicos (+46.0%), identificación de problemáticas ambientales (+108.7%), sensibilización y valoración del ecosistema (+24.4%) y compromiso ambiental (+30.4%). En cuanto al plano ecológico, se produjeron 1.000 propágulos de Rhizophora mangle en el vivero escolar y se reforestó una hectárea degradada en Puerto Caimán con una supervivencia inicial estimada del 85%. Se concluye que la articulación entre educación ambiental participativa, viveros escolares y reforestación comunitaria constituye una estrategia pedagógica efectiva para la conservación de ecosistemas costeros estratégicos.
Descriptores: Educación ambiental; estrategias educativas; ecosistema; reforestación; desarrollo ecológico. (Tesauro UNESCO).
ABSTRACT
The objective of this study was to implement participatory environmental education strategies for mangrove restoration through school nurseries and community reforestation. Methodologically, the study employed a quantitative approach, had a correlational scope, and utilized a quasi-experimental design with pre- and post-tests. The results showed significant increases in the five dimensions evaluated: knowledge of mangrove ecosystems (+94.8%), understanding of ecosystem services (+46.0%), identification of environmental issues (+108.7%), awareness and appreciation of the ecosystem (+24.4%), and environmental commitment (+30.4%). On the ecological front, 1,000 Rhizophora mangle propagules were produced in the school nursery, and one hectare of degraded land in Puerto Caimán was reforested with an estimated initial survival rate of 85%. It is concluded that the integration of participatory environmental education, school nurseries, and community reforestation constitutes an effective pedagogical strategy for the conservation of strategic coastal ecosystems.
Descriptors: Environmental education; educational strategies; ecosystem; reforestation; ecological development. (UNESCO Thesaurus).
INTRODUCCIÓN
Los manglares son ecosistemas costeros dominados principalmente por especies arbóreas leñosas adaptadas para desarrollarse en la zona intermareal de las regiones tropicales y subtropicales del planeta. Estas especies han diseñado mecanismos fisiológicos que les permite tolerar aguas salobres o salinas, suelos blandos y fangosos, así mismo como estructuras que les permiten eliminar el exceso de sal. Una de las características en particular de estos árboles es su capacidad de reproducción: sus frutos o propágulos, al caer al sustrato, pueden enraizarse directamente, o flotar en el agua hasta encontrar un sitio adecuado para germinar, ya fecundados, lo que facilita la regeneración natural del ecosistema (Rodríguez et al., 2022).
Los manglares son uno de los ecosistemas más productivos y a su vez más amenazados del planeta. Esta vegetación costera, adaptada a zonas intermareales tropicales y subtropicales, tienen diversas funciones ecológicas de primer orden: actuando como sumideros de carbono azul, con una capacidad para almacenar hasta cuatro veces más carbono que los bosques terrestre, al igual que protegen las costas de la erosión y los eventos climáticos extremos que se presenten, también proveen hábitat y refugio para diversas especies y facilita la seguridad alimentaria de las comunidades aledañas (FAO, 2023; Convención Ramsar, 2023). Además, constituyen espacios para la recreación, el ecoturismo y el sustento económico de comunidades locales.
A pesar de su gran importancia ecológica y social, los manglares actualmente se encuentran en grave peligro. La pérdida de cobertura vegetal y degradación de estos ecosistemas se debe, principalmente, a las actividades humanas como la agricultura intensiva, la acuicultura, la expansión urbana, la construcción de infraestructura, la tala indiscriminada y la contaminación de sus aguas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2023) menciona que en los últimos 40 años se ha perdido más del 20% de los manglares del planeta. La ONU (2023) resalta que estos ecosistemas están desapareciendo más rápido que los bosques terrestres.
Colombia no es un país ajeno a esta problemática. Según INVEMAR (2022), las principales amenazas que figuran son los cambios en el uso del suelo, la deforestación, la expansión urbana y la extracción descontrolada de recursos forestales. Granados y Quevedo (2024) han identificado otras actividades humanas que generan consecuencias negativas sobre estos ecosistemas: la acuicultura, la ganadería, la urbanización desordenada y la contaminación. En el Caribe colombiano, específicamente en la Ciénaga Grande de Santa Marta sufrió una drástica reducción de cobertura por la construcción de carreteras entre 1956 y 1970 lo que influyo en la disminución del flujo hídrico en un 60%, esto provocó la pérdida de al menos 36.000 hectáreas de manglar entre 1956 y 1995 (Granados y Quevedo, 2024).
Frente a esta situación, es necesario incentivar procesos de educación ambiental que sean integrales, permanentes y sobre todo contextualizados que ayuden a fomenten la apropiación de los bienes y servicios ambientales, y motivando la participación de las comunidades rurales y urbanas en la construcción y visualización de un desarrollo sostenible. Como lo señalan Carvajal et al. (2023), es clave diseñar e implementar programas de educación ambiental que permitan contrarrestar los efectos negativos de las acciones humanas sobre los ecosistemas, y fomentar una relación responsable entre los seres humanos y su entorno.
En este contexto, la Institución Educativa Playa Mendoza, ubicada en el municipio de Tubará (Atlántico), asumió el compromiso de contribuir a la conservación y preservación del ecosistema de manglar aledaño. Se implementó una estrategia pedagógica con enfoque integral y participativo, articulando la formación académica, acción comunitaria y sostenibilidad, implementando módulos sobre ecología del manglar, la creación de un vivero escolar con Rhizophora mangle, jornadas de reforestación comunitaria participativa en zonas degradadas y la producción de recursos audiovisuales educativos.
Teniendo en cuenta estudios como el de Sabando (2023) que analizó la gobernanza ambiental vigente en Ecuador respecto a la restauración de los manglares, lo que le permitió concluir que ese país cuenta con una fuente de derecho para ejecutar acciones con miras a proteger y conservar los manglares, aunque sigan persistiendo las disputas de competencias entre las autoridades. Zamora et al. (2024) presentaron una agenda de investigación para el manejo sustentable del manglar en Tamaulipas, México, en la cual sugieren implementar un programa estatal que cuente con enfoques plurales y transversales para un mejor conocimiento y manejo sustentable de estos ecosistemas. Ronquillo et al. (2024), evaluaron el impacto ambiental por macro plásticos en el manglar de Isla Corazón (Ecuador), deduciendo que estos desechos afectan de manera negativa la biodiversidad al estar en espacios vitales para el desarrollo de propágulos y limitan la regeneración natural del manglar.
Benedetti et al. (2023) analizaron la conservación de manglares en Panamá, logrando identificar que estos están expuestos a peligros progresivos como contaminación por plásticos, derrames de hidrocarburos y factores asociados a los estilos de vida de la población local. Berdiales et al. (2022), también en Panamá, estudiaron la restauración de 33 hectáreas de bosque inundable con Pelliciera rhizophorae, evidenciando que la producción de plantas en vivero bajo condiciones naturales fue una técnica adecuada, con alta tasa de sobrevivencia, y que el éxito está muy relacionado con el grado de apropiación y participación que tenga la comunidad. Riera et al. (2023) demostraron que la educación ambiental participativa ayuda a fortalecer la gobernanza ambiental en un gobierno local de Lima (Perú), evidenciando que existe poco avance y escaso compromiso del gobierno local frente a las demandas ambientales actuales de la sociedad civil.
Garcés (2022) analizó la contaminación por microplásticos en manglares del Caribe colombiano, demostrando una mayor concentración de residuos plásticos en manglares que en playas. Padilla (2024) incentivó la formación de eco-ciudadanos a partir de la contaminación por microplásticos en ecosistemas manglares en una institución educativa costera de Córdoba, destacando la importancia de fortalecer la formación docente con un enfoque eco-ciudadano. Zapata (2024) estudió el papel de los manglares en la protección costera y su contribución a los sistemas socio-ecológicos en Punta Soldado, Pacífico Colombiano, deduciendo que los manglares son clave para la resiliencia costera y su gestión debe integrar ciencia y saber local.
Por su parte, a nivel regional Rodríguez (2022) estudió la influencia de parámetros fisicoquímicos en la estructura, composición y almacenamiento de carbono de los mangles en la Ciénaga de Mallorquín (Barranquilla), logrando concluir que la comunidad se encuentra en un estado avanzado de sucesión. Silva et al. (2022) realizaron una revisión bibliográfica sobre los efectos del cambio climático en los manglares del Caribe colombiano en cuatro departamentos: Córdoba, Atlántico, Magdalena y La Guajira, logrando concluir que estos ecosistemas están en estado crítico y requieren urgentemente estrategias de manejo ambiental, restauración y educación comunitaria. Garces et al. (2023) demostró que los principales factores de degradación del manglar en Laguna Mallorquín, son las descargas de aguas residuales, botaderos de basura no regulados, tala y expansión urbana los de mayor impacto.
Silva Beleño, Molina Bolívar y Jiménez Pitre (2022) demostró que los viveros escolares son una estrategia eficiente para el desarrollo de competencias científicas, investigativas y ambientales, promoviendo un aprendizaje práctico para fortalecer competencias, alcanzar resultados y motivar la creatividad. Ariza (2024), en la Institución Educativa Nobel Juan Manuel Santos (Soledad), demostró que la huerta escolar tiene un impacto positivo y significativo en los estudiantes como estrategia didáctica, mejorando conocimientos, actitudes y prácticas ambientales.
Este estudio empleó un enfoque cuantitativo, basado en la medición y el análisis de datos numéricos que permitió comprender fenómenos, evaluar resultados y probar hipótesis, a través de un proceso secuencial y probatorio (Hernández et al., 2014; Surattee et al., 2024; Arifanti et al., 2022). Se estableció una línea base a través del diagnóstico, por medio de una encuesta con preguntas estructuradas cerradas sobre el estado del ecosistema, así como el análisis del estado del ecosistema para identificar las áreas que necesitaban intervención inmediata.
Se empleó un alcance correlacional, definido por Hernández et al. (2014) y Nova (2021) como un componente esencial de investigaciones cuantitativas buscando establecer posibles relaciones entre variables para conocer el grado de asociación que puede existir entre ellas. Las correlaciones que se analizaron fueron: (1) implementación de estrategias formativas y participativas y la sensibilización sobre la importancia de la recuperación de los manglares; (2) construcción de viveros escolares y el conocimiento sobre ecosistemas en estudiantes; y (3) siembra directa o siembra de plántulas y la recuperación del manglar.
Se utilizó el diseño cuasiexperimental, que según Hernández et al. (2014) permite observar el comportamiento de la manipulación de las variables independientes sobre las dependientes, se trabajó con grupos experimentales preexistentes (Castillo et al., 2020), a través de tres fases: Fase de diagnóstico, mediante encuesta pre-test; fase de desarrollo de la intervención educativa; y por último la fase de análisis del impacto, mediante post-test y evaluación de indicadores ecológicos.
La población estuvo conformada por 350 estudiantes entre 11 y 21 años de la Institución Educativa Playa Mendoza de Tubará, Atlántico. La muestra fue no probabilística por conveniencia de 100 estudiantes de básica secundaria y media, divididos en un grupo experimental y un grupo de control de 50 estudiantes, cada uno pertenecientes al grupo de investigación D.A.D.N.E. (Defensores Ambientales de Nuestros Ecosistemas), con predominio masculino del 80% y edades entre 12 y 18 años.
La hipótesis planteada fue correlacional: existe una relación significativa entre la implementación de estrategias de educación ambiental participativa y el nivel de recuperación de los manglares, a través del uso de viveros escolares y acciones de reforestación comunitaria, en la Institución Educativa Playa Mendoza de Tubará, Atlántico.
Para la recolección de los datos se emplearon dos técnicas. La encuesta mediante cuestionario con escala Likert (1=Totalmente en desacuerdo, 5=Totalmente de acuerdo), de 29 ítems divididos en cinco dimensiones: (a) nivel de conocimiento sobre ecosistemas de manglar, (b) comprensión de servicios ecosistémicos, (c) identificación de problemáticas ambientales, (d) sensibilización hacia la conservación y valoración del ecosistema, y (e) compromiso ambiental y la segunda técnica fue la observación directa y registro visual, implementada mediante fichas técnicas de seguimiento con evidencias fotográficas de cada etapa del proyecto.
Los instrumentos empleados fueron validados por cuatro expertos con formación académica de posgrado en áreas afines y experiencia profesional mínima de cinco años, quienes tuvieron en cuenta criterios de claridad, coherencia, relevancia, suficiencia y pertinencia en escala ordinal de cinco puntos. La confiabilidad fue determinada mediante el Coeficiente Alfa de Cronbach, obteniendo un valor de α = 0.98 para el cuestionario completo (29 ítems, n = 20), que supera el criterio mínimo de aceptación de α ≥ 0.70 y corresponde a una clasificación de excelente según George y Mallery (2003).
RESULTADOS
El diagnóstico institucional se elaboró a partir de los resultados de la encuesta pre-test que fue aplicada a 50 estudiantes de grados 6° a 11° entre el 12, 13 y 14 de noviembre de 2025. La dimensión de conocimiento sobre ecosistemas de manglar fue la más crítica, con medias oscilando entre 2.2 y 3.0/5 (media general 2.32/5) y el 55% de respuestas en las categorías 1-2 (Totalmente en Desacuerdo), dejando en evidencia un conocimiento superficial y fragmentado. Solo el 20% de estudiantes principalmente grados 10-11 seleccionaron respuestas de Totalmente de Acuerdo en ítems sobre características básicas como adaptación fisiológica a salinidad, reproducción vivípara mediante propágulos flotantes y presencia de neumatóforos y raíces tabulares. Ítems específicos como 'Conozco las especies nativas del manglar local (Rhizophora mangle)' promediaron 2.1/5, mientras 'Sé que los manglares crecen en zonas donde el agua dulce se mezcla con el agua salada' alcanzó apenas 2.4/5. La problemática fue más notoria en grados inferiores (6°-8°), que registraron medias de 2.1/5 frente a 2.8/5 en grados superiores.
La comprensión de servicios ecosistémicos obtuvo medias moderadas de 3.2/5, con el 45% de respuestas en categorías 3-4. El 55% de los estudiantes reconoció los servicios básicos de aprovisionamiento (pesca, alimento comunitario) y regulación (barreras contra inundaciones y tormentas), mientras que solo el 25% comprendió cuales eran las funciones avanzadas como captura de carbono, depuración de nutrientes o formación de suelos. Ítems concretos como 'Conozco los beneficios de los manglares para la comunidad' alcanzaron 3.8/5, mientras 'Sé que capturan carbono' apenas 2.4/5.
La identificación de problemáticas ambientales fue la dimensión con mayor debilidad del diagnóstico, con media general de 2.18/5 y el 60% de respuestas en categorías 1-2. Solo el 30% de los estudiantes puedo identificar correctamente amenazas críticas como deforestación, contaminación por plásticos y microplásticos, urbanización desordenada y alteración hidrológica. Los ítems 'Reconozco que la tala ilegal afecta los manglares' (media 2.6/5) y 'Entiendo que la contaminación amenaza la regeneración natural' (media 2.3/5) dejaron en evidencia brechas significativas de comprensión. Esta debilidad fue más evidente en grados inferiores (6°-8°), con promedio de 1.9/5, frente a grados superiores (9°-11°) que alcanzaron 3.1/5.
A diferencia de la sensibilización y valoración del ecosistema, fue la dimensión que presentó mayor fortaleza (medias 3.7-4.0/5), evidenciando una conciencia intuitiva y emocional positiva hacia el ecosistema. El 65% de los estudiantes respondió firmemente que 'Es urgente actuar para proteger los manglares' (media 3.78/5) y el 75% reconoció el manglar como fuente de vida local. El compromiso ambiental registró una media de 3.62/5, con el 70% seleccionando categorías 4-5 en ítems como 'Me comprometo a cuidar y no dañar los manglares' (media 3.78/5); sin embargo, solo el 40% vinculó su compromiso con prácticas concretas como la construcción de viveros o la siembra participativa, con ítems como 'Colaboraría en vivero escolar' promediando 2.9/5 y 'Participaría en reforestación comunitaria' alcanzando 3.1/5. El comentario 'No sé cómo ayudar' fue registrado en el 18% de las respuestas abiertas.
A partir del diagnóstico, se elaboró e implementó la propuesta educativa 'Sembrando Saberes y Valores: Implementando la educación ambiental participativa para la restauración de manglares en la Institución Educativa Playa Mendoza', con el objetivo de fortalecer las competencias ambientales y ecológicas de los estudiantes implementando estrategias pedagógicas vivenciales en su entorno que permitan la transformación del conocimiento sobre ecosistemas de manglar en acciones concretas de restauración a través de viveros escolares y reforestación comunitaria. Esta propuesta fue estructurada en cuatro estrategias complementarias desarrolladas entre febrero y marzo de 2026.
La Estrategia uno consistió en la impartición de módulos formativos contextualizados sobre ecología del manglar. Se implementaron cinco módulos pedagógicos secuenciales de 30 minutos de teoría + 45 minutos de dinámicas (juegos de cadenas tróficas, mapas conceptuales) + 15 minutos de debate. Esta estrategia fue desarrollada con la ayuda y cooperación de la CRA (Corporación Autónoma Regional del Atlántico) y CI (Conservación Internacional) y Fundasaber. Incluyó una salida de campo a Puerto Caimán y la elaboración y diseño de la cartilla informativa ZTUPARA. Los contenidos se adaptaron por niveles: grados 6°-8° con conceptos básicos y actividades lúdicas; grados 9°-11° profundizando en procesos ecológicos y evaluación de impacto.
La Estrategia dos se fundamentó en la construcción y operacionalidad del vivero escolar de manglar (Rhizophora mangle). Se tuvo en cuenta la selección de un área sombreada de 14 metros de largo por 2,60 metros de ancho, ubicada al lado derecho de la institución, cerca de la huerta escolar existente. Se limpió el terreno y se instaron estructuras elevadas de madera (estibas), una polisombra para simular el ambiente natural. Se prepararon 1.000 bolsas de polietileno negro (15×20 cm) con sustrato arcillo-limoso (arena, limo y materia orgánica), con un sistema de riego artesanal con motobomba. Se recolectaron 1.000 propágulos frescos de Rhizophora mangle en las playas de Puerto Mocho (municipio de Puerto Colombia) durante marea baja, transportados en agua salobre dentro de las 24 horas siguientes. La siembra se realizó introduciendo la radícula 5-7 cm en el sustrato húmedo con espaciado de 10 cm. Los estudiantes rotaron en brigadas de mantenimiento (5-7 estudiantes/brigada, 1 semana/turno), realizando monitoreo semanal de altura y supervivencia.
La Estrategia tres corresponde a las jornadas de reforestación comunitaria participativa en zonas degradadas. Fueron ejecutadas en cuatro fases utilizando las 1.000 plántulas de Rhizophora mangle producidas en el vivero escolar para restaurar una hectárea degradada en Puerto Caimán, con participación de los estudiantes D.A.D.N.E., familiares y líderes locales. Se mapearon zonas prioritarias mediante visita técnica y se identificaron suelos fangosos con suministro constante de agua. En las jornadas de siembra realizadas el domingo de 8:00 a 12:00, ocho equipos de 12 personas sembraron 50 plántulas/hora con espaciado 1.5×1.5 m y radícula a 10 cm de profundidad. El monitoreo semanal (10 estudiantes/visita) midió supervivencia, altura y riego. En la semana cuatro se realizó la evaluación final comparando crecimiento, junto a la celebración de la Feria Escolar con entrega de certificados 'Guardianes del Manglar' a los participantes.
En estrategia cuatro se realizó la producción de un video educativo y exposición fotográfica institucional. Fue necesario la formación de equipos multidisciplinarios del grupo D.A.D.N.E. (guionistas, camarógrafos, narradores y editores). El video se grabó en locaciones reales: vivero escolar, zonas degradadas de Puerto Caimán y salidas de campo, e incluye testimonios de estudiantes, docentes, el rector de la institución y pescadores. Se editó en la aplicación CapCut con música ambiental, subtítulos y gráficos de servicios ecosistémicos. Duración final: 13 minutos, exportado en MP4. Complementariamente, se instaló una exposición fotográfica permanente en el pasillo principal con 25 fotografías en formato 20×30 cm con pie de foto educativo, organizadas temáticamente: especies del manglar y adaptaciones, construcción y trabajo en vivero, jornadas comunitarias de reforestación, y testimonios visuales y resultados. El video fue publicado en YouTube y redes sociales.
En cuanto a la dimensión de conocimiento sobre ecosistemas de manglar, en el pre-test se identificó como la más crítica con una media de 2.32/5. Luego de la implementación de los módulos formativos, salidas de campo y actividades en el vivero escolar, el post-test arrojó una media de 4.52/5 con un incremento de +94.8% y el 89.4% de respuestas en categorías 4 y 5, en contraste con el 45% del diagnóstico. El ítem de mayor puntuación correspondió al reconocimiento del hábitat ('Sé que los manglares crecen en zonas donde el agua dulce se mezcla con el agua salada'), mientras que la identificación visual de Rhizophora mangle continuó siendo el ítem con menor puntuación relativa, aunque con mejora sustancial.
La dimensión de comprensión de servicios ecosistémicos alcanzó en el post-test la media más alta entre todas las dimensiones evaluadas (4.67/5), con un incremento de +46.0% y el 93.3% de respuestas en categorías favorables. El ítem mejor valorado fue 'Sé que los manglares sirven como hogar y refugio para peces, cangrejos y otras especies'. El ítem 'Comprendo que los manglares ayudan a purificar el agua y capturar carbono del aire' presentó la menor puntuación relativa dentro de la dimensión, aunque con mejora significativa respecto a la media de 2.4/5 del diagnóstico.
La identificación de problemáticas ambientales presentó en el post-test el mayor incremento porcentual de todo el estudio (+108.7%), con una media de 4.55/5 y el 88.9% de respuestas en categorías 4-5, en contraste radical con el 40% del diagnóstico. El ítem con mayor puntuación fue 'Reconozco que la tala de manglar es un problema ambiental grave', mientras que 'Comprendo las causas principales de la degradación del manglar en Puerto Caimán' continuó siendo el de menor desempeño relativo.
La sensibilización y valoración del ecosistema consolidó su liderazgo con una media post-test de 4.79/5 y un incremento de +24.4% sobre una base ya favorable. El 97.8% de las respuestas se ubicó en categorías 4-5. El ítem con mayor puntuación fue 'Pienso que las futuras generaciones tienen derecho a disfrutar de los manglares'. Los testimonios cualitativos refuerzan estos datos: 'Ha sido una experiencia muy grata ya que sé y estoy consciente de que estoy ayudando a la conservación de los manglares' (Melissa, grado 11°); 'Los manglares han sido y siempre serán parte del ecosistema costero, está en nuestras manos conservarlos' (estudiante anónimo, grado 10°).
El compromiso ambiental alcanzó en el post-test una media de 4.72/5, con el 93.9% de respuestas en categorías 4-5 y un incremento de +30.4%. El ítem de mayor valoración fue 'Me comprometo a cuidar y no dañar los manglares de mi comunidad' (media 4.86/5), y el de menor puntuación relativa fue 'Asumo responsabilidad personal por la conservación del medio ambiente' (media 4.58/5), ambos en nivel Muy Alto. Los testimonios cualitativos 'Los manglares son importantes y por eso debemos aprender sobre ellos y ayudar a cuidarlos' (Juan Consuegra, grado 8°) y 'Me gusta contribuir al cuidado del medio ambiente' (Sharith Vergara, grado 8°) evidencian que la brecha entre intención y acción se cerró de manera significativa.
Los propios estudiantes del grupo D.A.D.N.E. participaron activamente como líderes en las jornadas de reforestación, guiando a sus familias y a la comunidad en la siembra de plántulas, documentando el proceso en fichas técnicas y produciendo materiales audiovisuales educativos, lo que demuestra un alto compromiso que se traduce en competencias ambientales reales y verificables.
En cuanto a el plano ecológico, con la implementación de la estrategia dos se logró producir 1.000 propágulos de Rhizophora mangle sembrados en bolsas de polietileno negro (15×20 cm) con sustrato arcillo-limoso en el vivero escolar. El sistema de riego artesanal fue diseñado con participación de los estudiantes y el docente de educación física, esto permitió garantizar la humedad constante requerida. Los estudiantes rotaron en brigadas de cuidado, registrando datos de crecimiento semanal. El control de plagas (cochinillas) se realizó manualmente y con jabón potásico, y se practicó poda de hojas amarillas para favorecer la oxigenación.
Con la estrategia tres se permitió trasplantar las plántulas producidas para reforestar una hectárea degradada en Puerto Caimán. Las mediciones realizadas en la semana 4 post-siembra evidenció una supervivencia inicial estimada del 85%. Los estudiantes de D.A.D.N.E. lideraron las jornadas, guiando a sus familias y comunidad en la siembra de plántulas con espaciado de 1.5×1.5 m y profundidad de la radícula de 10 cm.
DISCUSIÓN
Los resultados del obtenidos en el presente estudio confirman que la articulación entre educación ambiental participativa, construcción de viveros escolares y reforestación comunitaria resultan ser una estrategia pedagógica efectiva para transformar simultáneamente el conocimiento ambiental de los estudiantes y las condiciones ecológicas del ecosistema de manglar intervenido. Con relación a las estrategias pedagógicas para la recuperación de manglares, se evidenció el incremento de +94.8% en la dimensión de conocimiento ecológico representa la transformación más profunda del estudio. Este resultado coincide con lo reportado por Zamora et al. (2024), quienes resaltan la necesidad de realizar diagnósticos ecológicos integrales y procesos formativos contextualizados que permitan a las comunidades comprender y entender la dinámica ambiental local. Padilla (2024), manifiesta que la transformación del conocimiento fragmentado en comprensión ecológica integral requiere el fortalecimiento de la formación docente y la incorporación de enfoques eco-ciudadanos con componentes prácticos, condición que fue trabajada en este proyecto con la implementación de los módulos formativos y el trabajo realizado en el vivero. Ariza (2024) demostró que la huerta escolar como estrategia pedagógica genera mejoras significativas y medibles en los conocimientos ambientales de los estudiantes, resultado similar al alcanzado con el vivero escolar de manglar en Playa Mendoza.
En cuanto a la comprensión de servicios ecosistémicos, la media post-test de 4.67/5 constituye el valor más alto de todas las dimensiones evaluadas (+46.0%). Esta brecha entre la percepción local del manglar y el conocimiento científico de sus funciones fue mencionada por Benedetti et al. (2023) y Zapata (2024), quienes destacan que las comunidades locales tienden a reconocer el manglar específicamente como una barrera natural y fuente de alimento esencial, pero no su comprensión ecológica integral. Bernal et al. (2024), menciona la relevancia de los servicios ecosistémicos avanzados del manglar especialmente su función como sumidero de carbono, mientras que en el diagnóstico institucional solo el 25% de los estudiantes comprendía estas funciones avanzadas. Con la implementación de la propuesta pedagógica se logró cerrar esta brecha en los estudiantes de la institución.
La identificación de problemáticas ambientales fue la dimensión que registró el mayor incremento porcentual (+108.7%), aspecto que cobra especial relevancia dado el contexto de degradación documentada del manglar de Puerto Caimán. Esto se articula con los de Ronquillo et al. (2024), quienes concluyeron que la presencia de macro plásticos impide directamente la germinación de propágulos de Rhizophora mangle, y con los reportes de Garces et al. (2023), quienes identificaron las descargas de aguas residuales, los botaderos no regulados, la tala y la expansión urbana son los principales factores de degradación del manglar en la Laguna Mallorquín. Silva et al. (2022), concluyen que los manglares del Caribe colombiano están en estado crítico y que es urgente implementar estrategias de manejo ambiental, restauración y educación comunitaria.
La sensibilización y valoración del ecosistema registró el incremento porcentual más moderado (+24.4%), lo cual se explica porque constituía la fortaleza más sólida del diagnóstico, con la intervención pedagógica la elevó hasta 4.79/5. Viveros (2022) resaltó que se evidencian cambios significativos en las actitudes de los habitantes hacia la restauración del manglar tras una intervención pedagógica participativa, haciendo énfasis en que las experiencias prácticas de siembra y cuidado de plántulas afianzan compromisos ambientales duraderos y generan un sentido genuino de corresponsabilidad. Martínez et al. (2025), manifestaron que las estrategias pedagógicas basadas en la naturaleza como el compostaje en jardines verticales permiten adquirir el aprendizaje de manera intergeneracional, generando una conciencia ambiental profunda en los jóvenes resultado similar al reportado con el vivero de Rhizophora mangle que se llevó a cabo. Holloway et al. (2023) y Monte et al. (2021) señalaron que la participación activa en actividades de jardinería y viveros escolares incentiva la formación de vínculos emocionales con la naturaleza y una 'obligación moral' ambiental en los estudiantes.
La brecha que se evidenció entre intención y acción concreta, identificada como hallazgo crítico en el diagnóstico donde el 18% indicó no saber cómo ayudar, fue intervenida directamente por la propuesta pedagógica. El incremento del +30.4% en compromiso ambiental, junto con el protagonismo activo de los estudiantes del grupo D.A.D.N.E. como líderes en las jornadas de reforestación, es una clara demostración que operacionalizar actitudes positivas mediante protocolos concretos de vivero y reforestación transforma la buena voluntad en impacto ecológico verificable. Este comportamiento positivo valida lo planteado por Berdiales et al. (2022), quienes concluyeron que el éxito de los procesos de reforestación está vinculado estrechamente en el grado de apropiación y participación sostenida por la comunidad, y que la producción de plántulas en vivero bajo las condiciones naturales genera altas tasas de supervivencia cuando se combina con el empoderamiento comunitario.
Asimismo, Silva Beleño, Molina Bolívar y Jiménez Pitre (2022). demostró que el uso de viveros escolares funciona como una estrategia eficiente para el desarrollo de competencias investigativas y ambientales en los estudiantes, logrando la adquisición un aprendizaje práctico que ayuda con la creatividad y la motivación en resultados que pueden ser medibles y transferibles a la comunidad, alineándose con los resultados de compromiso obtenidos en el post-test. Herbohn et al. (2022) y Arfan et al. (2021) mencionan que los viveros escolares pueden convertirse en el punto de partida para proyectos de restauración comunitaria de manglares, fortaleciendo de esta manera la responsabilidad ecológica en los estudiantes, hecho que el proceso documentado en la Institución Educativa Playa Mendoza valida en el contexto local.
Estos resultados se articulan con la valoración patrimonial del ecosistema por el EOT Municipal de Tubará (Acuerdo No. 018 de 2021) donde se declara a los manglares como áreas de alta importancia ecológica y prohíbe su tala en sectores vulnerables, lo que reforzó institucionalmente la valoración territorial evidenciada en los resultados del post-test. El ítem 'Considero que el manglar es parte del patrimonio natural de Tubará' obtuvo la mayor valoración en esta dimensión, demostrando que el fortalecimiento de la identidad territorial está vinculada al ecosistema.
Por último, Riera et al. (2023) resaltan que la educación ambiental participativa se considera un proceso dinámico el cual busca despertar en la población una conciencia que le permita identificarse con la problemática ambiental; a pesar de esto, señalan que existen deficiencias en su práctica en cuanto al trabajo colectivo y la creación de propuestas concretas. Esta deficiencia mencionada fue precisamente la que quiso superar la propuesta educativa de Playa Mendoza buscando superar mediante estrategias de acción directa como un vivero y reforestación, permitiendo transformar la disposición ética en impacto ecológico medible. Sabando (2023) menciona además que el diseño de política pública para la restauración de manglares debe considerar la delegación de funciones entre actores, este aspecto materializó en este proyecto mediante la alianza con la CRA y Conservación Internacional, quienes aportaron asesoría técnica y legitimidad institucional a la propuesta pedagógica.
CONCLUSIONES
Con relación a las estrategias pedagógicas propuestas para la recuperación de manglares, se evidencia que la propuesta 'Sembrando Saberes y Valores' demostró ser un modelo integral y replicable que articuló coherentemente cuatro estrategias complementarias: módulos formativos contextualizados, construcción de viveros escolares, reforestación comunitaria participativa y producción de recursos audiovisuales. La participación de aliados institucionales como la CRA, Conservación Internacional y Fundasaber resultó determinante para garantizar la pertinencia técnica y ecológica de los protocolos implementados.
En cuanto a los conocimientos en torno a los ecosistemas de manglar y los servicios que este presta, los incrementos registrados en todas las dimensiones, con especial énfasis en la identificación de problemáticas ambientales (+108.7%) y el conocimiento ecológico (+94.8%) son evidencias que la transición de un conocimiento fragmentado hacia una comprensión ecológica sistemática es posible cuando los procesos pedagógicos se articulan correctamente con la realidad territorial y ambiental de los estudiantes. La brecha que existió entre intención y acción concreta fue superada gracias al protagonismo activo del grupo D.A.D.N.E. que actuaron como agentes de cambio en sus propias comunidades, fueron los que lideraron las jornadas de reforestación y se convirtieron en multiplicadores de los conocimientos adquiridos.
Con respecto a los aprendizajes sobre la reforestación y la recuperación del ecosistema, la producción de 1.000 propágulos de Rhizophora mangle en el vivero escolar y la reforestación de una hectárea degradada en Puerto Caimán con una supervivencia inicial estimada del 85% representan resultados concretos y verificables de la intervención. Se espera que la propuesta se convierta en un proyecto institucional permanente, que sea articulado al PRAE de la Institución Educativa Playa Mendoza, y que posteriormente se convierta en una experiencia significativa replicable para otras instituciones del municipio de Tubará y del departamento del Atlántico.
A la Universidad Popular del Cesar, en el desarrollo de esta investigación.
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